«Saldréis a dar testimonio de mí» (Hch 1,8)

† Sebastià Taltavull Anglada
Obispo de Mallorca

"No nos avergonzamos de decir que creemos en el Dios que Jesús nos ha dado a conocer y a amar, que queremos dar razón de nuestra esperanza a quien nos la pida y que todo nues-
tro hacer viene imperado por el mandamiento nuevo del amor."

Hoy, como en los primeros tiempos de la Iglesia, sentimos el gozo de pertenecer a ella, no por ser un grupo autorreferencial, sino porque vivimos de la confianza en quien nos ha encomendado algo importante, definitivo, una Iglesia en salida. La única referencia es Jesús, que constituye este «tesoro» que hemos adquirido comprando el campo en el que se halla, y, aunque experimentemos la debilidad de ser «vasijas frá- 
giles de barro» (cf. 2 Cor 4,9) sabemos con certeza que es a él, a Jesús, a quien hemos de dar a conocer no sólo con palabras sino con el testimonio de nuestra vida. Por ello estamos orgullosos de pertenecer a ese grupo de creyentes que formamos la Iglesia de Jesús, pecadora y santa a la vez, pero sabiendo que «la presencia del Espíritu es la fuerza para dar testimonio de él» (cf. Ac 1,8).

Por todo ello, no nos avergonzamos de decir que creemos en el Dios que Jesús nos ha dado a conocer y a amar, que queremos dar razón de nuestra esperanza a quien nos la pida y que todo nuestro hacer viene imperado por el mandamiento nuevo del amor, que nos pide amar, no a nuestro antojo, sino como Jesús ama. Recogemos el consejo de Pablo a su discípulo Timoteo: «No te avergüences de dar testimonio a favor de nuestro Señor Jesucristo» (2 Tm 1,8), o las palabras del mismo Jesús: «Si alguien se declara a favor mío delante de los hombres, también yo me declararé a favor suyo delante de los ángeles de Dios» (Lc 12,8), o, cuando Pablo pide que recen por él «para que pueda hablar con valor y dar así a conocer el secreto de Dios contenido en el Evangelio» (Ef 6,19). Algo de todo esto necesitamos para dar la cara y decir con claridad y valentía quiénes somos, en quién creemos y la Iglesia a la que pertenecemos, orgullosos de vivir nuestra fe y caminar juntos.

Más aún, incluso en los momentos más comprometidos y difíciles, que los hay, sabemos de dónde sacar fuerza y no desfallecer. El mismo Jesús nos llena de coraje: «No os preocupéis por cómo tenéis que defenderos o qué tenéis que decir, porque en el momento en el que tengáis que hablar, el Espíritu Santo os enseñará lo que tenéis que decir» (Lc 12,11-12). Y, a la vez –como Pablo–, decimos que «no nos desanimamos, pues Dios en su misericordia, nos ha encargado este trabajo [...] Así, aunque llenos de problemas, no nos encontramos sin
salida; tenemos preocupaciones, pero no nos desesperamos; nos persiguen, pero no estamos abandonados; nos derriban, pero no nos destruyen [...] “Tuve fe y por eso hablé”. De igual manera, nosotros, con esa misma actitud de fe, creemos y también hablamos» (2 Cor 4,1.8-9.13). Pidamos el Señor que nos acompañe siempre y mantenga vivo nuestro testimonio en todo momento y situación.

4.5 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Valorado 90%

Artículos Destacados