Gracias por tanto

† Juan Carlos Elizalde Espinal

Obispo de Vitoria

El Sínodo marcará nuestro curso pastoral. Su preparación nos ha ayudado a caminar juntos y estamos contentos de la experiencia. 

A la hora de concretar la sinodalidad, la clave principal está siendo la relación entre el sacerdocio común de los bautizados y el sacerdocio ministerial de los ministros ordenados.En tiempos de polarización social y eclesial, estamos invitados al mutuo estímulo entre laicos y sacerdotes. Este cambio de época es un reto para vivir una Iglesia en la que que pamos «todos, todos, todos» como dijo el papa Francisco en la pasada JMJ.

El único sacerdocio de Jesús es la única fuente del sacerdocio bautismal de los fieles y del sacerdocio ministerial de diáconos, presbíteros y obispos.

Cuantitativamente, la mayor parte del pueblo de Dios son laicos. Desde los sacramentos de iniciación cristiana –bautismo, confirmación y eucaristía– alcanzan su madurez y son signo de Cristo para el mundo. La gente puede intuir que Dios existe y los ama a través del testimonio de los cristianos bautizados que se alimentan de la eucaristía y que son fortalecidos por la confirmación. Algunos manifiestan cómo es Dios por dentro –intimidad, familia y ternura– a través del sacramento del matrimonio.

Los laicos transmiten el Evangelio allí donde viven, trabajan y se divierten. Interactúan con diferentes creencias y culturas y son ejemplos y testigos de la fe por sus vidas. Su compromiso en la vida pública es esencial para transformar la sociedad a la luz del Evangelio.

Los sacerdotes son signo sacramental de Cristo cabeza, pastor, siervo y esposo de la Iglesia. A través de su ministerio anuncian la Palabra, celebran los sacramentos, guían y sirven a la comunidad cristiana. En estos momentos de polarización, el Señor sigue llamando con insistencia a muchos jóvenes para que sean servidores de su pueblo y administradores de sus misterios. En este tiempo sinodal es importante que sacerdotes y laicos reconozcamos y valoremos nuestra misión en la Iglesia. Los sacerdotes deben apoyar y alentar a los laicos en su labor evangelizadora, brindándoles orientación espiritual y la indispensable administración de los sacramentos. Los laicos, a su vez, deben apoyar a sus sacerdotes en su ministerio, orando por ellos, formando una familia eclesial y siendo corresponsables de la construcción de la Iglesia.

La Iglesia se enfrenta a desafíos y por ello es más importante que nunca que sacerdotes y laicos trabajemos juntos en unidad desde la riqueza de la pluralidad de carismas y estilos. La experiencia de la vida consagrada en nuestra diócesis siempre ha contribuido a evitar enfrentamientos y a integrar todos los carismas y vocaciones. Ha ayudado, por vivir y trabajar en fraternidad y comunión, al mutuo estímulo del sacerdocio bautismal y ministerial. Donde la vida consagrada es rica fluye mejor la relación laico-sacerdote y los equipos pastorales mixtos son la prueba de armonía y fecundidad.

Juntos podemos enfrentar los desafíos de la secularización. Juntos podemos llevar el mensaje de esperanza y sentido a quien esté más desorientado. Juntos podemos apostar, desde el amor de Cristo, por las personas más vulnerables.

Pidamos a santa María, en este Año Jubilar de Estíbaliz, que sigamos trabajando juntos, en armonía, diálogo, amor y alegría para llevar la luz de Cristo a todos los rincones de nuestra tierra.

Mi agradecimiento y bendición.

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